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Los estándares SASB cubren 77 industrias con métricas distintas para cada una, bajo una premisa simple: lo material cambia según la actividad. Desde 2022 los mantiene el ISSB, y la NIIF S1 pide considerarlos al identificar qué asuntos de sostenibilidad importan en cada sector.
¿Qué es el SASB?
El SASB, siglas de Sustainability Accounting Standards Board, es un conjunto de estándares de sostenibilidad diseñados industria por industria. Se creó en 2011 en Estados Unidos y, en concreto, se centra en los asuntos con efecto sobre el valor financiero de la empresa. Desde 2022, además, la Fundación IFRS es responsable de su mantenimiento.
Conviene aclarar el nombre, porque genera confusión. El SASB fue originalmente un organismo emisor; hoy la sigla designa, sobre todo, al conjunto de estándares que ese organismo produjo y que otra institución mantiene.
¿Cómo funcionan los estándares por industria?
Aquí está, sin duda, su rasgo distintivo. En lugar de un catálogo único, el SASB desarrolló estándares separados para 77 industrias, agrupadas en once sectores. La premisa es que lo material cambia según la actividad:
| Sector | Asuntos que suelen resultar materiales |
|---|---|
| Extractivo y minerales | Gestión de residuos peligrosos, seguridad laboral, relación con comunidades |
| Servicios financieros | Riesgo climático de la cartera, ética empresarial, acceso al crédito |
| Alimentos y bebidas | Uso de agua, seguridad alimentaria, abastecimiento responsable |
| Tecnología y comunicaciones | Privacidad de datos, consumo energético de centros de datos, cadena de suministro |
Por lo tanto, esa granularidad tiene una consecuencia práctica: dos empresas del mismo ramo pueden compararse con las mismas métricas. Es justo lo que un marco genérico no permite.
¿Por qué importa el enfoque sectorial?
La respuesta se ve mejor con un contraste. Un marco genérico pide a todas las organizaciones los mismos indicadores, de modo que una empresa de software termina reportando consumo de agua y una minera, rotación de personal. Ambos datos existen, aunque ninguno explica el riesgo real de esa actividad.
El SASB invierte el planteamiento. Primero identifica qué asuntos mueven el valor en cada industria y, después, define las métricas para medirlos. Por eso un reporte construido con estos estándares suele ser más corto y, al mismo tiempo, más informativo.
Esa lógica también resuelve un problema práctico frecuente. Cuando una organización empieza a reportar, la pregunta que la detiene no es cómo medir, sino qué medir primero. El estándar de su industria le da un punto de partida acotado en lugar de un catálogo abierto.
SASB y la materialidad financiera
El SASB nació con un destinatario definido: el inversionista. Por eso, en la práctica, aplica la materialidad financiera, es decir, se concentra en los asuntos de sostenibilidad capaces de afectar los resultados de la organización.
Esa lógica lo separa del GRI, que evalúa el impacto de la empresa sobre el entorno, y también de los ESRS, que exigen mirar en ambas direcciones mediante la doble materialidad. No son marcos rivales, ya que responden preguntas distintas y muchas organizaciones aplican más de uno.
¿Cómo se integró el SASB al ISSB?
La ruta pasó por dos movimientos consecutivos. Primero, en 2021, el SASB se fusionó con el International Integrated Reporting Council y ambos formaron la Value Reporting Foundation. Después, en agosto de 2022, esa fundación se consolidó dentro de la Fundación IFRS, casa del ISSB.
Desde entonces, el ISSB mantiene y actualiza los estándares. La conexión con las normas globales es explícita: las NIIF S1 y S2 piden considerar los estándares SASB al identificar riesgos y oportunidades propios de cada sector, y la NIIF S2 incorpora métricas climáticas derivadas de ellos.
En la práctica, por lo tanto, quien aplica las normas del ISSB aplica SASB sin necesidad de nombrarlo. El mapa completo de estándares vigentes está en el pilar sobre marcos para crear reportes de sostenibilidad.
¿Sigue siendo útil el SASB en México?
Sí, y por una vía concreta. En efecto, las emisoras de valores mexicanas están obligadas a reportar bajo NIIF S1 y S2 por mandato de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores, y esa obligación arrastra el uso de los estándares sectoriales como referencia para decidir qué asuntos revelar.
Para el resto de las organizaciones, además, los estándares siguen sirviendo como punto de partida gratuito y estructurado. Ayudan a responder una pregunta que suele atascar cualquier proyecto de reporte: qué medir primero cuando no todo puede medirse a la vez.
Preguntas frecuentes sobre el SASB
¿El SASB sigue existiendo?
Los estándares siguen vigentes y en uso, aunque el organismo original ya no opera de forma independiente. Desde agosto de 2022, la Fundación IFRS asumió su mantenimiento a través del ISSB. La sigla designa hoy al conjunto de estándares sectoriales más que a la institución que los creó.
¿Cuántas industrias cubre el SASB?
Cubre 77 industrias, agrupadas en once sectores según su propio sistema de clasificación. Cada industria tiene su propio estándar, con los asuntos y métricas que resultan financieramente materiales para esa actividad concreta. Esa granularidad es la característica que lo distingue de los marcos generales.
¿Cuál es la diferencia entre SASB y GRI?
El SASB mide los asuntos de sostenibilidad que pueden afectar el valor financiero de la empresa y se dirige a inversionistas. El GRI mide el impacto de la organización sobre la economía, el ambiente y las personas, y se dirige a un público más amplio. Son complementarios.
¿Usar los estándares SASB es obligatorio?
No lo es por sí mismo. La obligación llega de forma indirecta: la NIIF S1 pide considerarlos al identificar riesgos sectoriales, de modo que las organizaciones sujetas a las normas del ISSB los aplican en la práctica. En México eso alcanza a las emisoras de valores.
¿Cómo se identifica el estándar aplicable?
El SASB clasifica las actividades con un sistema propio, distinto de los códigos industriales habituales. Por eso el primer paso no es buscar el sector obvio, sino localizar la industria concreta dentro de esa clasificación.
Ese matiz importa cuando una organización opera en más de una línea de negocio. En ese caso, lo habitual es aplicar el estándar de la actividad principal y complementarlo con los de las secundarias que resulten relevantes por su peso en los ingresos.
Un marco que cambió de casa sin perder función
El SASB ilustra bien, en definitiva, cómo se ordenó el panorama del reporte. No desapareció ni fue reemplazado: pasó a formar parte de una arquitectura mayor que conservó intacta su aportación específica.
Esa aportación sigue siendo la misma que en 2011. Reconocer que una minera y un banco no enfrentan los mismos riesgos, y que un reporte útil debe reflejar esa diferencia en lugar de disolverla en categorías genéricas.




