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La equidad de género consiste en dar a cada persona lo que necesita para competir en condiciones equivalentes. No es sinónimo de igualdad: la igualdad es el destino y la equidad, el camino. Confundirlas lleva a políticas que reparten lo mismo entre quienes parten de situaciones distintas.
¿Qué es la equidad de género?
La equidad de género es el principio que reconoce que mujeres y hombres parten de situaciones distintas. Por lo tanto, requieren medidas diferenciadas para alcanzar resultados equivalentes. Implica repartir recursos y oportunidades según necesidades y contextos específicos. Su finalidad es corregir desventajas acumuladas, no otorgar privilegios.
Conviene precisar algo desde el inicio. La equidad no es un fin en sí misma. Más bien es el instrumento que permite llegar a la igualdad real cuando el punto de partida no es el mismo para todas las personas.
Equidad e igualdad de género: la diferencia que casi nadie explica
Aquí está la confusión más extendida del tema. Por eso resolverla aclara todo lo demás.
| Rasgo | Igualdad de género | Equidad de género |
|---|---|---|
| Qué propone | Mismos derechos, responsabilidades y oportunidades | Medidas diferenciadas según la situación de cada persona |
| Supuesto de partida | Todas las personas parten del mismo punto | El punto de partida es desigual |
| Naturaleza | Principio jurídico y objetivo final | Criterio de justicia y medio para alcanzarlo |
| En la práctica | Reglas iguales para todos | Acciones afirmativas, apoyos y ajustes |
| Ejemplo | Prohibir la discriminación en la contratación | Programas de formación dirigidos a mujeres en sectores donde están subrepresentadas |
La distinción tiene, además, una consecuencia práctica inmediata. Una organización que aplica las mismas reglas a personas con cargas de cuidado muy distintas produce un resultado desigual. Y eso ocurre aunque su norma sea formalmente neutra.
Conviene añadir un apunte terminológico. Naciones Unidas emplea “igualdad de género” como término oficial. Así se enuncia el objetivo 5 de la Agenda 2030: lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. La palabra equidad, en cambio, describe el tipo de medidas que permiten alcanzar esa igualdad.
¿Por qué importa la equidad de género?
Porque sin medidas diferenciadas, la igualdad formal reproduce la desigualdad real. En concreto, los datos de Naciones Unidas dan la dimensión del problema:
- Brecha salarial. Las mujeres ganan alrededor de un 20% menos que los hombres a escala global, según ONU Mujeres. Es decir, unos 80 centavos por cada dólar.
- Trabajo de cuidados. Dedican el triple de horas que los hombres al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.
- Derechos económicos. Asimismo, cerca de 2,400 millones de mujeres en edad laboral no cuentan con las mismas oportunidades económicas que los hombres.
- Barreras legales. Alrededor de 178 países mantienen obstáculos jurídicos que impiden la plena participación económica de las mujeres.
- Violencia. Por último, una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida.
El segundo dato explica buena parte del primero. En efecto, una jornada laboral idéntica no produce resultados idénticos cuando una persona dedica además el triple de horas a tareas no remuneradas.
Cómo se mide la equidad de género
En general, la medición se apoya en indicadores comparables entre países y entre organizaciones.
| Dimensión | Qué se observa |
|---|---|
| Participación política | Proporción de mujeres en parlamentos, gabinetes y cargos de elección |
| Educación | Paridad en acceso, permanencia y conclusión, por nivel educativo |
| Trabajo | Tasa de participación económica, brecha salarial y segregación ocupacional |
| Salud | Acceso a servicios, mortalidad materna y salud reproductiva |
| Violencia | Prevalencia, denuncias presentadas y casos con sentencia |
| Marco legal | Existencia de leyes de igualdad y de mecanismos para hacerlas exigibles |
| Uso del tiempo | Distribución del trabajo no remunerado entre mujeres y hombres |
El último indicador suele omitirse y, sin embargo, es el más revelador. Sin medir el reparto del trabajo de cuidados, cualquier análisis sobre participación laboral queda incompleto.
En el ámbito de una organización, por su parte, la medición se concreta en otros indicadores. Son la representación por nivel jerárquico, la brecha salarial a igual puesto, las tasas comparadas de promoción y rotación, y el uso efectivo de las políticas de corresponsabilidad.
Ejemplos de equidad de género
En concreto, estos casos muestran medidas que atienden situaciones distintas para producir resultados equivalentes.
- Cuotas y paridad. Reservar un porcentaje de candidaturas o de escaños para mujeres, mientras persiste la subrepresentación.
- Licencias parentales equivalentes. Otorgar permisos de duración similar a ambos progenitores reduce el castigo profesional que recae sobre las mujeres.
- Programas de formación dirigidos. Capacitación en áreas técnicas donde las mujeres están subrepresentadas.
- Horarios flexibles y trabajo a distancia. Medidas que reconocen la distribución desigual del trabajo de cuidados.
- Auditorías salariales. Asimismo, revisar de forma sistemática la remuneración a igual puesto y corregir las diferencias detectadas.
- Compras con criterio de género. Priorizar a proveedoras lideradas por mujeres en los procesos de adquisición.
- Servicios de cuidado infantil. Por último, ofrecerlos en el centro de trabajo o subsidiarlos elimina una barrera concreta de acceso al empleo.
Conviene notar el patrón. Ninguna de estas medidas reparte lo mismo entre todas las personas. Todas atienden una desventaja identificada. Esa es, precisamente, la lógica de la equidad.
Equidad de género en las empresas
El terreno empresarial es donde el principio se vuelve más operativo. También, sin embargo, donde más se confunde.
Una política de equidad en una organización supone tres cosas. Primero, medir antes de actuar, porque sin diagnóstico las medidas se diseñan sobre percepciones. Segundo, identificar dónde se pierde el talento femenino, que suele ser en la promoción y tras las licencias parentales, no en la contratación. Tercero, asignar responsable y presupuesto, sin lo cual el compromiso queda a merced de la disponibilidad de tiempo de alguien.
En México existe una norma certificable de igualdad laboral y no discriminación que ordena ese trabajo. Por su parte, los 7 principios de empoderamiento de la mujer ofrecen el marco internacional equivalente, con su herramienta de autodiagnóstico.
Todo ello forma parte de una estrategia de diversidad, equidad e inclusión que pueda verificarse. De hecho, la propia sigla coloca la equidad en el centro. La diversidad describe quiénes están; la inclusión, cómo participan.
Cómo se aplica en política pública
Más allá de la empresa, la equidad de género se materializa en instrumentos concretos de gobierno.
- Presupuestos con perspectiva de género. Identifican qué proporción del gasto público beneficia de forma diferenciada a mujeres y a hombres.
- Sistemas públicos de cuidados. Guarderías, estancias infantiles y atención a personas dependientes liberan tiempo que hoy recae de forma desproporcionada sobre las mujeres.
- Paridad en cargos de elección. Reglas que obligan a postular el mismo número de candidaturas de cada género.
- Legislación laboral. Permisos de paternidad, protección frente al despido por embarazo y transparencia salarial obligatoria.
- Estadística desagregada. Sin datos separados por sexo, ninguna política puede evaluarse.
La última medida es la menos visible y la más determinante. Un programa que no desagrega sus resultados no puede saber si corrigió una desigualdad o la reprodujo.
Críticas y límites del concepto
Además, un tratamiento riguroso debe recoger también las objeciones.
- Riesgo de paternalismo. Mal diseñadas, las medidas diferenciadas pueden reforzar el estereotipo de que las mujeres necesitan ayuda en lugar de barreras removidas.
- Medidas sin horizonte. Una acción afirmativa debe ser temporal y tener criterio de salida. Si se vuelve permanente, deja de corregir una desventaja y se convierte en una regla fija.
- Confusión con la igualdad. Presentar la equidad como el objetivo final desdibuja el hecho de que el fin es la igualdad de derechos.
- Medición superficial. Por último, contar personas sin analizar niveles jerárquicos, salarios ni permanencia produce diagnósticos falsamente favorables.
Ninguna de estas objeciones invalida el principio. En cambio, sí obligan a diseñar cada medida con diagnóstico, plazo y criterio de evaluación.
Preguntas frecuentes sobre la equidad de género
¿Cuál es la diferencia entre equidad e igualdad de género?
La igualdad de género significa que los derechos, las responsabilidades y las oportunidades no dependen del sexo con el que se nace. La equidad reconoce que las personas parten de situaciones distintas y aplica medidas diferenciadas para compensarlas. La igualdad es el objetivo; la equidad, el medio para alcanzarlo.
¿Qué dice el objetivo 5 de la Agenda 2030?
Plantea lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas. Conviene señalar que el texto oficial emplea el término igualdad y no equidad. Además, sus metas abarcan la eliminación de la violencia, el reconocimiento del trabajo de cuidados y la participación en las decisiones.
¿Cuánto es la brecha salarial de género en el mundo?
ONU Mujeres la estima en torno al 20%, lo que significa que las mujeres ganan cerca de 80 centavos por cada dólar que ganan los hombres. Otras publicaciones de Naciones Unidas manejan un 23%, y las cifras varían de forma considerable entre regiones y según la metodología de cálculo.
¿Qué son las acciones afirmativas?
Son medidas temporales dirigidas a un grupo en situación de desventaja para acelerar su acceso a derechos u oportunidades. Las cuotas de candidaturas o los programas de formación dirigidos son ejemplos. Su carácter temporal es esencial: deben desaparecer cuando la desventaja que las justifica se corrige.
¿Cómo se mide la equidad de género en una empresa?
Con representación por nivel jerárquico, brecha salarial a igual puesto, tasas comparadas de promoción y rotación, uso efectivo de las políticas de corresponsabilidad y casos de acoso resueltos con consecuencia aplicada. Un indicador aislado, como el porcentaje total de mujeres en plantilla, resulta engañoso.
Por qué el vocabulario importa en este tema
Equidad e igualdad no son sinónimos intercambiables. Además, usarlos como tales tiene consecuencias. Quien confunde los términos termina proponiendo reglas idénticas para situaciones distintas, o bien justificando medidas diferenciadas sin horizonte de término.
La formulación correcta es sencilla. La igualdad de género es el derecho reconocido y el destino. La equidad, en cambio, es el conjunto de decisiones que lo vuelven alcanzable para quienes no parten del mismo lugar. Sin la primera, la segunda carece de fundamento. Sin la segunda, la primera se queda en el papel.
Fuentes consultadas
- Naciones Unidas, Objetivo 5: Lograr la igualdad entre los géneros y empoderar a todas las mujeres y las niñas: https://www.un.org/sustainabledevelopment/es/gender-equality/
- ONU Mujeres, Todo lo que necesita saber para impulsar la igualdad salarial: https://www.unwomen.org/es/news/stories/2020/9/explainer-everything-you-need-to-know-about-equal-pay
- ONU Mujeres, Oficina Regional para las Américas y el Caribe, ¿Qué es la brecha salarial de género?: https://lac.unwomen.org/es/que-hacemos/empoderamiento-economico/epic/que-es-la-brecha-salarial




