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La huella ambiental del Mundial de fútbol: ¿por qué crece cada edición?

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Cada Copa del Mundo deja una marca que no aparece en el marcador: millones de toneladas de CO₂. Entender de dónde salen esas emisiones, cómo han crecido edición tras edición y qué pesa más ayuda a mirar el fútbol con ojos de sostenibilidad.

¿Cuánta huella ambiental genera el Mundial de fútbol?

El Mundial genera sus emisiones de gases de efecto invernadero sobre todo por el transporte aéreo de aficionados y selecciones, la construcción y operación de estadios, el alojamiento y la energía. Las cifras oficiales van de unas 250,000 toneladas de CO₂ en 2006 a 3.6 millones en 2022, aunque varios análisis independientes las consideran bastante mayores.

¿De dónde salen realmente las emisiones?

Cuando pensamos en el impacto de un Mundial, lo primero que imaginamos son los estadios. Y sí, pesan. Pero no son lo que más contamina. La mayor parte de la huella viaja por aire.

Las fuentes principales se reparten más o menos así:

  • Transporte aéreo. Es el gran protagonista. Mover a las selecciones, a los cuerpos técnicos, a la prensa y, sobre todo, a millones de aficionados de un continente a otro dispara las emisiones. En las ediciones recientes, los desplazamientos han llegado a representar tres de cada cuatro toneladas emitidas.
  • Transporte terrestre dentro del país anfitrión. En sedes muy extensas, los traslados por carretera entre ciudades suman más de lo que parece. En Brasil, por ejemplo, los viajes de aficionados y equipos concentraron alrededor del 83% del total (según la FIFA).
  • Infraestructura. La construcción de estadios nuevos, hoteles, carreteras y, en algunos casos, ciudades enteras deja una factura de carbono que tarda años en amortizarse. Cuando se reutilizan recintos ya existentes, en cambio, este rubro se reduce de forma notable.
  • Energía y operación. Iluminación, climatización, transmisiones, tecnología y seguridad funcionan sin pausa durante semanas. En climas extremos, además, enfriar estadios al aire libre eleva el consumo de manera considerable.
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Huella ambiental del Mundial de Futbol.
Huella ambiental del Mundial de Futbol.

Una huella que crece torneo tras torneo

Aquí está lo incómodo. Mientras otros megaeventos deportivos han logrado recortar su impacto, el Mundial avanza en sentido contrario. La huella de los Juegos Olímpicos ha bajado en sus últimas ediciones; la del Mundial masculino, no (de acuerdo con investigación universitaria europea recogida por la AFP).

La tabla resume las estimaciones por edición. Las cifras oficiales provienen de la FIFA o de los documentos de candidatura; las independientes, de organizaciones de monitoreo climático y plataformas de contabilidad de carbono.

EdiciónPaís(es) sedeSedesEmisiones oficiales (millones de t CO₂e)Estimaciones independientes
Alemania 2006Alemania12~0.25
Sudáfrica 2010Sudáfrica10~1.65
Brasil 2014Brasil122.72
Rusia 2018Rusia122.16
Catar 2022Catar83.6hasta ~10
Norteamérica 2026México, Estados Unidos y Canadá163.7 (candidatura)7.8 a más de 9

La siguiente gráfica ordena esa evolución y muestra, en verde claro, el rango de las estimaciones independientes para las ediciones más cuestionadas.

La lectura es clara: el salto entre 2006 y la actualidad no es gradual, es exponencial. Y la brecha entre lo que se declara y lo que calculan los analistas independientes se ensancha justo cuando el torneo se hace más grande.

Catar 2022: la distancia entre lo declarado y lo real

Catar prometió el primer Mundial neutro en carbono. La cifra oficial se fijó en 3.6 millones de toneladas de CO₂ equivalente. Sin embargo, organizaciones de vigilancia del mercado de carbono calcularon que el impacto real, sumando los vuelos diarios entre el país anfitrión y sus vecinos, pudo triplicar esa cifra y acercarse a los 10 millones de toneladas.

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El problema, además, fue de coherencia. La compensación efectiva quedó muy por debajo de la propia estimación oficial, y los créditos adquiridos fueron señalados por su baja integridad ambiental. De ahí que el episodio se cite hoy como un caso de manual sobre los límites de la llamada neutralidad de carbono cuando no hay reducción real de emisiones detrás.

Norteamérica 2026: tres países, dieciséis sedes, más vuelos

La siguiente Copa del Mundo lleva la lógica del crecimiento al extremo. Por primera vez participan 48 selecciones, se disputan 104 partidos y la organización se reparte entre tres países. Esa expansión es, justamente, la raíz del problema ambiental: más equipos, más partidos y, sobre todo, más distancia.

Las dieciséis sedes se distribuyen así:

PaísCiudad o zona sedeSedes
MéxicoCiudad de México, Guadalajara, Monterrey3
Estados UnidosAtlanta, área de Boston, Dallas, Houston, Kansas City, Los Ángeles, Miami, Nueva York/Nueva Jersey, Filadelfia, área de la Bahía de San Francisco, Seattle11
CanadáToronto, Vancouver2

Entre las dos sedes más alejadas hay alrededor de 5,600 kilómetros y cuatro husos horarios de distancia. Eso significa millones de desplazamientos aéreos adicionales. La estimación incluida en la candidatura, de 3.7 millones de toneladas, se quedó corta casi de inmediato: el torneo pasó de 64 a 104 partidos. Por eso los análisis independientes proyectan entre 7.8 y más de 9 millones de toneladas, lo que prácticamente duplicaría la huella atribuida a la edición anterior y la convertiría en la mayor de la historia del deporte internacional (según estimaciones de organizaciones científicas y de monitoreo climático).

Para tener una referencia, los Juegos Olímpicos más recientes rondaron 1.75 millones de toneladas. El contraste resume el dilema: un solo torneo de fútbol podría emitir cinco veces más que unas Olimpiadas.

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¿Se puede tener un Mundial más sostenible?

Sí, aunque con matices. Hay decisiones que ayudan de verdad y otras que solo maquillan.

  • Reutilizar infraestructura existente es quizá la palanca más efectiva. Cuando los estadios ya están construidos, el peso de la infraestructura en la huella total cae de forma drástica, de cerca de una cuarta parte a apenas un puñado de puntos porcentuales.
  • Apostar por el transporte público entre sedes, integrar el boleto del partido con trenes y autobuses, y concentrar partidos por regiones reduce la dependencia del avión, que es el verdadero motor de las emisiones.
  • Medir con transparencia importa tanto como reducir. Sin una metodología abierta y verificable, las cifras oficiales pierden credibilidad y abren la puerta al ecoblanqueo, esa práctica de presumir reciclaje en las gradas o luces eficientes mientras se ignora el impacto de los vuelos internacionales.

La FIFA se comprometió ante la ONU a recortar a la mitad sus emisiones hacia 2030 y a alcanzar la neutralidad de carbono en 2040 (en el marco del programa Deporte para la Acción Climática de la ONU). El reto es enorme, porque mientras el torneo siga creciendo en selecciones, partidos y kilómetros, cada mejora puntual queda absorbida por la escala. Y esa es la lección de fondo: en sostenibilidad, el tamaño también cuenta.

Para conocer más FIFA sobre sostenibilidad y en el marco Deporte para la Acción Climática de la ONU.

Jugar limpio también fuera de la cancha

La marca del mundial de fútbol mueve pasiones, economías y, cada cuatro años, millones de personas alrededor del planeta. Reconocer su huella no busca quitarle emoción, sino devolverle responsabilidad. Estadios reutilizados, transporte compartido, mediciones honestas y, sobre todo, freno a la expansión infinita son los verdaderos goles pendientes. Porque un torneo que celebra al mundo entero también debería cuidarlo y mostrar avances económicos y sociales.

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