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Un nuevo fondo busca ganancias tanto financieras como sociales

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Un nuevo fondo busca ganancias tanto financieras como sociales: El nuevo fondo, que será parte de TPG, será el primer ensayo grande para este tipo de inversiones. Su junta directiva cuenta con un elenco estelar, formados por puros inversionistas.

Un nuevo fondo busca ganancias tanto financieras como sociales

Hay cierta mentalidad holgazana que les atribuimos a los bienhechores”, decía Bono, el músico metido a activista y después a inversionista, al lamentar los escollos de lo que se ha convertido en una forma de financiamiento cada vez más de moda: la inversión con impacto social.

Prácticamente todas las grandes firmas de Wall Street y todos los filántropos de altos vuelos han incursionado recientemente en lo que a veces también se llama inversión de doble efecto. La idea es que las inversiones no tienen la intención solamente de arrojar grandes ganancias.

Hay algo más y quizá aún más importante, que es la de dejar una huella significativa en un área en la que no se hubiera creído posible invertir.

Por ejemplo, Goldman Sachs creó bonos de impacto social para reducir la reincidencia de delincuentes adolescentes en el centro correccional de la isla Rikers, Nueva York.

La mayoría de esos esfuerzos han tenido resultados variados; o los inversionistas pierden dinero o el impacto social es desdeñable o inexistente.

Este campo se ha vuelto, según me dijo Bono, en “un montón de negocios malos hechos por gente buena”.

Ahora, un grupo de destacados ejecutivos e inversionistas están organizando el que quizá sea el más ambicioso fondo de impacto social. Llamado Rise y dotado de 2,000 millones de dólares, el fondo está siendo establecido por William E. McGlashan Jr., socio de la firma de títulos privados TPG que más parece un monje budista que un banquero de trajes a rayas y cigarro en la boca.

En 2013, él dejó su casa de San Francisco para irse con su familia a la India, donde estuvo un año a fin de estar más cerca de las inversiones de la firma en Asia.

McGlashan ha supervisado desde hace mucho TPG Growth, fondo que él lanzó y que fuera uno de los primeros inversionistas en la economía colaborativa, con intereses en Uber y Airbnb, así como en otros éxitos tecnológicos como Spotify.

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Su primer fondo tuvo una tasa anualizada de ganancias _ la medida que usan las firmas de títulos privados para medirse a sí mismas _ de 20%; la del segundo fondo fue de 45 por ciento.

Pero sus inversiones en negocios como Apollo Tower, compañía de torres de telefonía celular en Birmania, son el modelo de sus nuevos esfuerzos. Desde que McGlashan empezó a respaldar a Apollo en 2014, antes de que Birmania se librara del control militar, el valor de la compañía se ha más que duplicado.

Y lo más importante, Birmania pasó de no tener ninguna penetración de telefonía celular a tener un 70%, lo que representó más de 5% de crecimiento del producto interno bruto.

A su vez, eso contribuyó a que hubiera más transparencia en un país conocido por el estricto control de la información, lo que lo ayudó a avanzar hacia la democracia.

El nuevo fondo, que será parte de TPG, será el primer ensayo grande para este tipo de inversiones. Su junta directiva cuenta con un elenco estelar, formados por puros inversionistas.

Entre ellos están Bono, Jeff Skoll, el primer empleado de eBay que ahora maneja Participant Media y es un filántropo de monta (“Uno solo necesita hasta cierta cantidad para sí mismo y su familia”, me dijo), Laurene Powell Jobs, filántropo e inversionista, Richard Branson, Reid Hoffman, fundador de LinkedIn, Mellody Hobson, presidenta de Ariel Investments, la filántropa Lynne Benioff, Mo Ibrahim quizá el inversionista más influyente de África, y Pierre Omidyar, fundador de eBay y patrocinador de First Look Media.

Claro, ha habido otros que han tratado de crear fondos de impacto social en una escala mucho más pequeña. Rise descarta los indicadores de referencia elaborados a posteriori y creó una serie de mediciones estrictas para medir el impacto social. Y trajo a un auditor externo para que las cosas fueran honestas.

Los inversionistas involucrados no consideran que esto sea beneficencia; se espera que los fondos de pensión y los fondos de patrimonio soberanos estén entre los inversionistas más grandes. Al menos dos fondos de pensión grandes y uno de patrimonio soberano han prometido sumas de nueve cifras, según fuentes allegadas a las inversiones, que todavía no se han hecho públicas.

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La realidad es que, sin importar de qué lado del espectro político nos encontremos ni nuestro marco de trabajo, si puedo levantar un gran negocio que sea rentable y exitoso y que, por cierto, tenga impacto y ese impacto se multiplique por el éxito del negocio, creo que eso es bueno para todos“, afirmó McGlashan.

Se espera que el nuevo fondo invierta más o menos la mitad de su dinero dentro del país, en áreas como atención médica, educación y tecnologías de energía limpia. La otra mitad se invertiría en mercados emergentes en sectores como microcréditos y otros servicios financieros, vivienda y educación.

Aquí no estamos en el negocio de la caridad”, advirtió McGlashan. “Vamos a ganar dinero y a crear negocios rentables y exitosos y a establecer un fondo de gran desempeño. Pero de paso, con lo que nos hemos comprometido es que no vamos a hacer un negocio cuyo impacto sea menor a dos veces y media el múltiplo”, dando a entender un impacto social significativo que pueda ser medido.

El problema con la mayoría de ese tipo de fondos es lo que McGlashan llama “lavado ecológico”, eufemismo de mentira que algunos filántropos sienten que abunda entre inversionistas socialmente conscientes. Todo el mundo quiere pretender haber alcanzado cierta forma de éxito, usando una combinación variable de mediciones dirigidas a demostrar que el fondo sí dio resultados.

Nada de eso tiene sentido a menos que pueda definirse realmente qué se entiende por ‘impacto’”, advirtió. “No puede ser una religión; tiene que ser cuantitativo. Tiene que ser algo que podría validar una parte independiente“.

Bono lo dice de esta forma: “Les pedí que pusiera un letrero en su oficina que dijera: ‘Aquí no se aceptan sensiblerías’, pues necesitamos que sean de mente dura. Necesitamos rigor intelectual y debemos de tener bien las mediciones”.

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McGlashan, frecuentemente en concierto con Skoll, dedicó el año pasado a trabajar con el Grupo Bridgespan, firma de consultoría que ha trabajado mucho con filántropos _ entre ellos la Fundación Bill y Melinda Gates _ para establecer una serie de mediciones rigurosas con las que medir el desempeño.

Si esto da resultado, McGlashan espera que algún día cambie la estructura de honorarios de fondos como este, para que a los inversionistas se les pague según su impacto social, no necesariamente solo por desempeño financiero. En el primer fondo Rise, al grupo de McGlashan, en el que estará la mayoría del personal profesional de TPG Growth, se le pagará según el desempeño financiero, lo que probablemente hará que su trabajo sea más difícil, no más fácil.

Él necesita encontrar buenas inversiones, pero la junta directiva y los inversionistas también estarán concentradas en que el fondo cumpla sus promesas sociales.

Skoll dijo que esperaba saber si el fondo tendría éxito en un orden relativamente corto. “Tendremos una buena idea dentro de dos años”, aseguró.

De dar resultado, Las mediciones de Bridgespan para Rise podrían llegar a ser un modelo para otras firmas de inversión, especialmente en un clima político global que está reconsiderando su sistema capitalista.

El capitalismo está a juicio y creo que está claro que poner las ganancias por encima de la gente es un modelo de negocio insostenible”, declaró Bono. “Creo que darles el mismo peso a los dos es la forma de avanzar y creo que en el clima actual necesitamos reconsiderar, volver a imaginar lo que es. No es que el capitalismo sea inmoral; es amoral. Y es mejor sirviente que amo”.

Y agregó: “Tenemos que ser un poco modestos respecto de en donde estamos con Rise y ser de hecho un poco duros con nosotros mismos. Me sentiré más cómo hablando de esto dentro de uno o dos años, a medida que vayamos avanzando”.

Vamos a hacer un plan con eso.

Fuente: Dinero en Imagen

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