CADENA, una organización de ayuda humanitaria mexicana mano a mano, nacida hace dos décadas de un grupo de amigos, hoy auxilia a víctimas de desastres en todo el mundo. Desde los sismos de Venezuela hasta la temporada de huracanes en México, su método es siempre el mismo: llegar directamente a cada familia, sin intermediarios.
¿Qué es CADENA y por qué su ayuda llega “mano a mano”?
CADENA es una organización humanitaria mexicana mano a mano, brazo solidario de la comunidad judía del país, que responde a desastres, emergencias y crisis dentro y fuera de México. Su sello distintivo consiste en entregar la ayuda directamente a cada familia afectada, sin intermediarios y con un seguimiento riguroso que garantiza que cada recurso llegue, con transparencia, a quien más lo necesita.
Un acto espontáneo que rompió la indiferencia
Todo comenzó con una tragedia. En 2005, el huracán Stan dejó una estela de destrucción en el sureste de México y golpeó con especial dureza a Chiapas. Frente a ese dolor, un grupo de amigos de la comunidad judía decidió no voltear la mirada. Lo que empezó como un gesto ciudadano —recolectar toneladas de ayuda y llevarlas ellos mismos a la sierra de Motozintla— terminó por convertirse en una organización formal.
“Lo que hicimos ese día fue el acto más importante que dio a luz a CADENA: romper la indiferencia, ser corresponsables y dar un paso adelante para aliviar el sufrimiento humano”.
— Benjamín “Beni” Laniado, cofundador de la organización CADENA.
Así nació el Comité de Ayuda a Desastres y Emergencias Nacionales, con una convicción de fondo: las poblaciones más vulnerables son las que más pierden cuando ocurre un desastre.
Dos décadas convirtiendo talentos en ayuda
La vocación no ha parado desde entonces. Según la propia organización, en más de 20 años CADENA ha auxiliado de forma directa a más de 6 millones de personas a través de más de 1,800 intervenciones, en 33 países y con cerca de 15,000 voluntarios movilizados. Hoy cuenta con 14 oficinas, 12 de ellas en América Latina y el Caribe.
Esa diversidad de perfiles es, precisamente, su mayor fortaleza. Los voluntarios van desde ciudadanos comunes hasta rescatistas, médicos, cirujanos y psicólogos. “En estos 20 años nos volvimos expertos en convertir cualquier talento humano y ponerlo al servicio de los demás; por eso abrimos las puertas a todo tipo de voluntario”, explica Laniado. De esta manera, la organización funciona como un puente entre el sector privado que quiere ayudar y las comunidades que más lo necesitan.
Venezuela: la emergencia más reciente, atendida por fases
El caso más reciente ocurrió en Venezuela. El 24 de junio de 2026, dos sismos de magnitud 7.2 y 7.5 sacudieron el país y provocaron el colapso de numerosas estructuras. De acuerdo con el balance presentado por la organización, con corte al 31 de julio, la emergencia acumulaba 1,500 réplicas, más de 5,546 personas fallecidas, 16,740 heridas y 17,907 sin hogar, además de cerca de 1.3 millones de afectados. Para entonces seguían habilitados 107 campamentos transitorios que alojaban a 24,477 personas, y La Guaira continuaba como el estado más golpeado.
Fase 1: rescate en las primeras horas
CADENA Internacional se activó de inmediato. Su equipo de búsqueda y rescate, el Go Team, apoyó las labores con tecnología Life Locator —capaz de detectar señales de vida a partir de la respiración y el pulso entre los escombros—, con un resultado que la organización reivindica: al menos una vida salvada. En paralelo, entregó herramientas a los equipos locales, brindó primeros auxilios psicológicos y activó la línea KOL, un canal de acompañamiento emocional gratuito para una diáspora venezolana angustiada por sus familiares.
“En CADENA siempre decimos que quien salva a una persona salva al mundo entero; todo el equipo movilizado y todas esas horas de esfuerzo son para rescatar a las personas”, señala Raquel Weintraub, CEO de CADENA Internacional, quien pasó dos semanas en el terreno.
Fase 2: ayuda humanitaria en todos los frentes
Superado el rescate, la respuesta se abrió en varios frentes. Primero, en lo psicosocial, ofreció atención para personas de todas las edades y creó espacios seguros con kits para las infancias. Segundo, en refugio, repartió kits, lámparas solares, lonas, carpas, colchones y cobijas. Tercero, en agua, saneamiento e higiene, entregó artículos de higiene y garantizó agua segura mediante filtros, tanques y camiones cisterna, una prioridad frente al riesgo de enfermedades como el brote de E. coli que reportó su equipo en la zona. Cuarto, en salud y alimentación, distribuyó material médico y despensas. Hasta la fecha, esta etapa ha beneficiado a más de 15,000 personas, alrededor de 3,500 familias.
Detrás de cada dato hay un rostro. “Cuando vemos números tan grandes me gusta recordar que hay nombres: platicábamos con la señora Jesusita, que nos contaba cómo perdió a sus familiares”, relata Weintraub.
Los próximos seis meses
El trabajo, sin embargo, no termina. Junto con aliados estratégicos, la organización proyecta los siguientes seis meses en tres frentes de mediano plazo: el acceso a agua segura, la reconstrucción y la atención psicosocial. Es, además, su mejor argumento a favor de anticiparse: “Cada dólar que se invierte en prevención son 17 dólares que se ahorran en atención a desastres, y no hablamos solo de dinero, sino de sufrimiento humano”, subraya Weintraub.
Los riesgos invisibles detrás de cada desastre
Con el tiempo, CADENA aprendió que un desastre no termina cuando deja de temblar. En medio del caos surgen amenazas menos visibles, como el tráfico de personas, que se intensifica y golpea sobre todo a mujeres y niños. Esa labor de protección le valió un reconocimiento internacional en el Capitolio de Washington, durante el Heroes of the World Summit, otorgado por la fundación Tikkun Olam.
La organización ha atendido esta problemática en Haití, en la frontera de Ucrania con Polonia, en México y ahora en Venezuela. Su estrategia se concentra en dos ejes: prevenir que ocurra y proteger a las personas vulnerables mediante espacios seguros, dejando la persecución de los criminales en manos de las autoridades.
Cómo se prepara México para la temporada de huracanes
La otra mitad del trabajo mira hacia casa. Por su posición entre el Pacífico y el Atlántico, México es especialmente vulnerable a los fenómenos hidrometeorológicos: en los últimos 50 años ha recibido más de 270 ciclones, concentrados entre junio y octubre. La preparación, insisten en la organización, comienza antes de la emergencia y descansa en cuatro pilares: el monitoreo permanente, la capacitación continua, la coordinación con los actores clave y la evaluación de riesgos.
Para este año, el pronóstico anticipa entre 18 y 21 ciclones en el Pacífico y entre 11 y 15 en el Atlántico, una temporada intensa agravada por el fenómeno de El Niño. Los estados históricamente más golpeados son Baja California Sur, Veracruz, Sinaloa, Quintana Roo y Tamaulipas, aunque Guerrero y Oaxaca se han vuelto cada vez más vulnerables.
Su experiencia reciente lo confirma. Durante las inundaciones de 2025 provocadas por las tormentas tropicales Priscila y Raymond, la organización respondió en seis entidades —San Luis Potosí, Hidalgo, Veracruz, Querétaro, Nayarit y Puebla— con 19 intervenciones humanitarias que beneficiaron a 42,095 personas. El apoyo incluyó 4,308 despensas, 4,057 kits de limpieza, 2,750 kits de higiene, 242 consultas médicas especializadas y 90 filtros de agua comunitarios, entre otros insumos esenciales.
Ese enfoque parte de una idea que la organización repite como brújula. “Ya no hablamos de desastres naturales, sino de fenómenos naturales que se convierten en desastre solo cuando chocan con los factores de vulnerabilidad de una población”, explica Jack Toran, director general de CADENA México.
Trabajar para dejar de ser necesarios
Después de dos décadas, la conclusión de la organización es casi contraintuitiva: su meta es volverse innecesaria. Tras el sismo de 2017 en México, por ejemplo, rescató a más de 30 personas de los escombros e instaló después más de 6,000 refugios temporales para familias y 2,000 aulas escolares. Sin embargo, sus responsables insisten en que la verdadera solución está en la prevención. Por eso la última fase de su modelo enlaza la recuperación con el desarrollo sostenible, alineado con los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y con el fortalecimiento de las comunidades desde el tercer sector.
“Una buena ONG trabaja para no existir; aunque sea un ideal utópico, hacia allá debemos canalizar nuestras fuerzas, para no perpetuar la dependencia, sino fortalecer las capacidades locales”, reflexiona Laniado. En esa misma línea, la organización señala que a México le hacen falta sistemas de alertamiento temprano que permitan a la población saber qué hacer antes, durante y después de un fenómeno. Al final, la historia de CADENA demuestra que la gestión de desastres puede tener rostro humano y que la ayuda, cuando llega mano a mano, se mide en vidas. Más información sobre su labor está disponible en el sitio oficial de CADENA y sobre la emergencia en Venezuela en el portal de Naciones Unidas.






