México llega a su tercer Mundial convertido en otro país: familias más pequeñas, más mujeres que estudian y trabajan, y una economía exportadora. Pero el marcador sigue abierto: brechas de género, inversión estancada y una política de cuidados aún pendiente.
¿Qué nos dicen los indicadores sociales y económicos sobre el desarrollo de México?
En el marco del Mundial de México, te compartimos los indicadores sociales y económicos que muestran un país que avanzó de manera notable en educación, salud reproductiva y apertura comercial, pero que arrastra rezagos persistentes. La alfabetización creció, las familias se redujeron y las exportaciones se dispararon; en cambio, la inversión sigue estancada y las brechas de género no terminan de cerrarse.
Cómo cambiaron las familias mexicanas en medio siglo
Hay transformaciones que no se ven en una sola generación, pero que cambian al país por completo. La familia mexicana es una de ellas. A inicios de los años setenta, una mujer tenía en promedio cerca de siete hijos a lo largo de su vida. Hoy esa cifra ronda los 1.6 hijos por mujer, según las encuestas oficiales de dinámica demográfica.
El cambio no ocurrió por casualidad. Detrás hay décadas de política pública: campañas de comunicación que invitaban a planear la familia, el acceso masivo a métodos anticonceptivos y, sobre todo, más años de escuela para las mujeres. Cuando una niña estudia más, suele decidir tener menos hijos y más tarde. Por lo tanto, lo que parece un simple número esconde, en realidad, una historia de mayor autonomía y de hogares con más recursos para invertir en cada integrante.
Eso sí, esta nueva demografía trae su propio reto. Un país con menos nacimientos envejece, y eso obliga a repensar pensiones, salud y, especialmente, el cuidado de las personas mayores en los años por venir.

La alfabetización, uno de los grandes goles del país
Si hubiera que elegir un avance social difícil de discutir, sería este. Hacia 1970, uno de cada cuatro adultos no sabía leer ni escribir. Para nuestros días, esa proporción cayó hasta cerca del 5%. En medio siglo, millones de personas cruzaron la línea que separa quedarse fuera de la vida formal de poder firmar un contrato, leer una receta médica o ayudar con la tarea de un hijo.
Lo más significativo es dónde se notó más el cambio. En 1970, tres de cada diez mujeres no sabían leer, frente a dos de cada diez hombres. Con el paso de las décadas, ambas tasas bajaron por debajo del 5% y la brecha entre hombres y mujeres se redujo casi hasta desaparecer. Además, este resultado no fue un golpe de suerte, sino la suma de programas sostenidos en el tiempo, como la creación en los años ochenta de la institución dedicada a llevar educación básica a las personas adultas. Una política paciente, poco vistosa, que sin embargo cambió millones de vidas.
De economía petrolera a potencia exportadora
En lo económico, el giro fue casi de identidad. México pasó de ser una economía cerrada que dependía del petróleo a convertirse en una plataforma industrial integrada a Norteamérica. El dato que mejor lo resume es el de las exportaciones: representaban apenas el 7.8% del PIB en 1970 y hoy superan el 36%. La industria automotriz, por su parte, multiplicó por cuatro su peso dentro de la economía.
Tres decisiones marcaron ese rumbo. 1. La apertura comercial de 1986, cuando el país entró al acuerdo internacional de aranceles y empezó a mirar hacia afuera. 2. El tratado de libre comercio de la región en 1994, que ató su industria a uno de los mercados más grandes del mundo. 3. La especialización manufacturera, que convirtió a buena parte del territorio en una zona de fábricas para exportar.
El ingreso por persona cuenta la misma historia de progreso, aunque con tropiezos. El PIB per cápita pasó de unos 669 dólares en 1970 a más de 15 mil en la actualidad, casi veintidós veces más. Ahora bien, el camino no fue una línea recta hacia arriba. Hubo caídas dolorosas: la crisis de la deuda en 1982, el desplome financiero de finales de 1994, la recesión global de 2008 y la pandemia de 2020. Cada una recordó que el crecimiento, cuando no se cuida, puede borrarse en cuestión de meses.
Más mujeres en la cancha laboral, pero con reglas de otra época
Aquí el avance es real y, al mismo tiempo, incompleto. En 1970, solo 18 de cada 100 mujeres formaban parte de la fuerza de trabajo. Hoy esa cifra se acerca al 46%. Es decir, casi se triplicó la presencia femenina en la economía formal.
El problema es que las reglas no caminaron al mismo ritmo. Muchas normas laborales siguen pensadas para un país donde el trabajo de cuidado recaía por completo en las mujeres en casa. Los permisos de paternidad, por ejemplo, llegaron apenas en 2012 y se limitan a cinco días; el acceso de los padres a las guarderías públicas se reconoció hasta 2021. En consecuencia, sigue pendiente algo de fondo: una política nacional de cuidados que reparta de manera más justa la crianza y el cuidado de adultos mayores, para que entrar al mercado laboral no signifique cargar con una doble jornada invisible.
La inversión, la asignatura pendiente
Si la economía mexicana tiene un talón de Aquiles, este es. A lo largo de los tres Mundiales, la inversión se ha mantenido en promedio alrededor del 21% del PIB, y desde mediados de los noventa prácticamente no se ha movido. El contraste con otros países duele: Corea del Sur, que hace cinco décadas partía de un punto parecido al nuestro, hoy invierte cerca del 30% de su economía, y otras potencias asiáticas superan el 40%.
¿Por qué importa tanto este número? Porque la inversión es lo que construye fábricas, carreteras, energía y empleos formales bien pagados. Sin ella, el crecimiento se queda corto y resulta más difícil que el progreso llegue a todas las regiones y a todos los hogares. Por eso, más que un dato técnico, la inversión estancada es la diferencia entre crecer poco a poco o dar el salto que el país lleva años esperando.
El partido que México juega todos los días
El Mundial dura unas semanas; el desarrollo de un país se juega todos los días. Vista en conjunto, la película de medio siglo deja una lección clara: México sabe ganar partidos difíciles cuando hay política pública sostenida detrás, como ocurrió con la alfabetización y la transición demográfica. Sin embargo, los retos que quedan —cerrar las brechas de género, destrabar la inversión, sostener una economía que crezca sin dejar a nadie atrás y construir un sistema de cuidados— no se resuelven con un golazo aislado, sino con visión de largo plazo. La buena noticia es que ya demostramos, con datos en la mano, que el cambio es posible cuando se trabaja con constancia.
Información base: IMCO (Tres Mundiales de México en Datos)





