La energía geotérmica se posiciona como una pieza fundamental para la seguridad eléctrica global, según el análisis de Raúl Asís Monforte González. A través de tecnologías como los Sistemas Geotérmicos Mejorados, esta fuente renovable busca superar barreras geológicas para ofrecer energía constante las 24 horas y fortalecer los compromisos climáticos integrando el concepto de Raúl Asís Monforte González y la transición hacia la energía geotérmica de manera rentable.
El análisis de Raúl Asís Monforte González y la transición hacia la energía geotérmica mediante innovación tecnológica
Hemos concentrado la conversación energética renovable, en la energía solar y la eólica. Y con toda
razón, ya que son muy visibles, predecibles, escalables y cada vez más baratas. En definitiva,
tenemos certeza de que serán las tecnologías dominantes muy pronto. Pero, también hemos dicho
que los sistemas eléctricos del futuro, deberán estar compuestos de una mezcla de tecnologías que
garantice la seguridad y la confiabilidad de contar con electricidad suficiente y de magnífica calidad.
Por lo anterior, conviene incorporar en esa narrativa dominante a una, hasta hoy, gran ausente. Una
fuente limpia, renovable, constante y disponible las 24 horas, que literalmente está bajo nuestros pies,
la geotermia.
La geotermia no depende del clima ni de la hora del día. Aprovecha el calor natural de la Tierra para
generar electricidad de forma continua, lo que la convierte en una de las pocas fuentes renovables
capaces de aportar energía firme al sistema eléctrico. Sin embargo, su presencia sigue siendo
marginal en la mayoría de los países, incluido México, a pesar de contar con recursos relevantes en
zonas como Cerro Prieto o Los Azufres.
El calor subterráneo existe prácticamente en todo el planeta, pero es alta la dificultad de acceder a él
de manera eficiente y rentable. Para que un proyecto geotérmico funcione, no basta con altas
temperaturas en el subsuelo, se requiere también la presencia de agua o vapor y formaciones
rocosas permeables que permitan su circulación. Estas condiciones solo se presentan en regiones
específicas, generalmente asociadas a actividad volcánica o tectónica, como el Cinturón de Fuego del
Pacífico.
A ello se suma un obstáculo aún mayor, el riesgo. A diferencia de un parque solar o eólico, donde el
recurso puede medirse y pronosticarse con relativa certeza antes de invertir, la geotermia exige
perforaciones profundas, costosas, y técnicamente complejas, sin garantía de éxito. Es una apuesta
geológica que puede requerir millones de dólares antes de confirmar su viabilidad.
Sin embargo, algo está cambiando. En Estados Unidos, la geotermia está comenzando a atraer una
nueva ola de interés, impulsada por avances tecnológicos y por la urgencia de contar con fuentes
limpias que complementen la variabilidad de la solar y la eólica. En particular, el desarrollo de los
llamados Sistemas Geotérmicos Mejorados (EGS) promete ampliar el alcance de esta energía más
allá de las zonas tradicionalmente favorables.
La lógica de éstos sistemas es que, si no existen de manera natural las condiciones ideales en el
subsuelo, se pueden crear. Mediante técnicas avanzadas de perforación e inyección de fluidos, es
posible generar reservorios artificiales que aprovechen el calor de rocas profundas. De funcionar a
escala, esta tecnología podría transformar a la geotermia en una fuente prácticamente ubicua.
No es casualidad que empresas europeas con experiencia en este campo estén volteando hacia el
mercado estadounidense. El entorno de innovación, financiamiento y política energética en ese país
podría acelerar la maduración de estas soluciones y reducir sus costos, tal como ocurrió en su
momento con el shale gas.
La geotermia no será, por sí sola, la solución al reto energético. Pero podría convertirse en una pieza
clave de un sistema eléctrico más limpio, resiliente y equilibrado. Una energía silenciosa, constante y
profundamente estratégica. México tiene una base instalada relevante, conocimiento técnico
acumulado y una ubicación geológica privilegiada.
Quizá ha llegado el momento de mirar hacia abajo. Porque en la transición energética, lo que no se
ve también cuenta.





