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Fundación FEMSA destinará 30 millones de dólares para mejorar el acceso hídrico y alimentario en América Latina. Esta inversión impulsa el abasto de agua de Fundación FEMSA mediante un esquema social que busca generar un impacto real, medible y sostenido en las comunidades vulnerables.
MONTERREY, 18 DE ENERO DE 2016. — La urgencia de resolver los retos hídricos y de salud comunitaria ha llevado a plantear nuevas estrategias corporativas. En este contexto, el compromiso integral con el abasto de agua de Fundación FEMSA toma forma mediante una inyección de 30 millones de dólares. Estos fondos se dirigen a Nuevo León, diversas zonas de México y países de América Latina, marcando un incremento del 12 por ciento en sus recursos respecto al año anterior para asegurar un desarrollo comunitario a largo plazo.
Rentabilidad social y el abasto de agua de Fundación FEMSA
Asimismo, la organización opera bajo un modelo de segundo piso que se aleja del asistencialismo tradicional. Mariano Montero Zubillaga señala que buscan promover esquemas de trabajo replicables, donde la inversión en la sociedad genere rendimientos claros para la población.
Por consiguiente, proteger las cuencas hidrológicas se vuelve una prioridad para garantizar la disponibilidad del recurso tanto para los habitantes como para el entorno. El modelo calcula un retorno de siete pesos en beneficios de salud y tiempo por cada peso invertido en proyectos hídricos.
“La Fundación existe porque estamos viendo la sostenibilidad de la empresa a largo plazo y ese plazo necesariamente va a involucrar no solamente a la empresa, sino a la sociedad en que se desenvuelve.”— Mariano Montero Zubillaga, Director de Fundación FEMSA.
Nutrición infantil como motor de desarrollo futuro
Por otra parte, la estrategia de la entidad aborda de manera directa la malnutrición y la obesidad desde la primera infancia. La organización reconoce que el desarrollo del potencial humano depende drásticamente de una alimentación adecuada durante los primeros años de vida.
Finalmente, las cifras respaldan esta visión al proyectar un beneficio de 16 pesos por cada peso destinado a la nutrición infantil. Esta rentabilidad social demuestra que al mejorar la salud de las personas también se construyen bases sólidas para un crecimiento económico equitativo.





