El vital huerto escolar de World Vision México, impulsado junto a Taquearte, apoyará a una comunidad otomí en Querétaro. El proyecto garantiza seguridad alimentaria y enseña prácticas agrícolas orgánicas a más de 160 niñas y niños de la región.
CIUDAD DE MÉXICO, 1 DE JUNIO DE 2026. — La consolidación de este huerto escolar de World Vision México marca un paso definitivo en las estrategias de acción climática orientadas a mitigar las vulnerabilidades en zonas rurales. Aprovechando la coyuntura del Día Mundial del Medio Ambiente, el proyecto responde a la necesidad de enseñar cuidado ambiental mediante la acción directa en la tierra. Esta escuela primaria, que se distingue por celebrar y preservar la lengua indígena hñähñu, funcionará ahora como un centro integrador para 165 estudiantes, siete docentes y 120 padres de familia.
Seguridad alimentaria a través del huerto escolar de World Vision México
Asimismo, el respaldo económico de Taquearte resultó clave mediante su campaña solidaria anual, permitiendo que los ingresos se transformaran en infraestructura agrícola real. Toda la comunidad de esta región queretana tendrá la oportunidad de producir sus propios alimentos para autoconsumo, siguiendo un plan técnico diseñado de forma minuciosa.
Por consiguiente, el proyecto requirió un ciclo adaptativo de siete meses estrictamente alineado con el calendario agrícola local para garantizar la supervivencia de los cultivos. Tras la instalación de un cercado perimetral de protección, los estudiantes ya comenzaron el trasplante de especies nutritivas como maíz, rábano, lechuga, tomate y acelga.
“Estamos convencidos de que las alianzas entre empresas y organizaciones sociales pueden generar un impacto positivo a largo plazo. Creemos que brindar acceso a alimentos nutritivos y promover una alimentación saludable para las niñas y los niños es una inversión en su bienestar y desarrollo futuro”.— Luis Rodrigo Acuña, Director General Adjunto de Taquearte.

Educación ambiental integral para frenar el cambio climático
Por otra parte, esta iniciativa trasciende la mera nutrición para convertirse en un aula viva que fomenta el respeto profundo por los ciclos naturales del planeta. Al involucrarse directamente en el mantenimiento de las plantas, la población infantil adopta valores irremplazables como la paciencia, la constancia y el trabajo en equipo.
Finalmente, dotar de herramientas prácticas a las comunidades indígenas asegura la formación de generaciones mucho más resilientes ante los retos ecológicos actuales. Intervenciones puntuales de este tipo demuestran que la colaboración corporativa y el compromiso humanitario logran nutrir el mañana desde las aulas rurales.





