El petróleo se resiste, Venezuela y la geopolítica de la energía:
Más allá de la polémica política, jurídica o diplomática que ha generado la reciente captura de Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, hay una lectura que merece atención y que rara vez ocupa los titulares, y esa es la lectura energética.
El petróleo se resiste, Venezuela y la geopolítica de la energía
En la conferencia de prensa ofrecida el sábado pasado desde Mar-a-Lago, el presidente Donald Trump no solo habló de los procesos legales abiertos en cortes de Nueva York. Insistió, de manera reiterada, en algo más profundo. Dijo que la industria petrolera venezolana fue concebida, diseñada, financiada y desarrollada por grandes y magníficas compañías estadounidenses, y que ese activo estratégico, según su narrativa, les fue arrebatado y literalmente robado por los gobiernos populistas de Hugo Chávez y Nicolás Maduro. No habló de ideologías; habló de recursos.
Este énfasis no es casual. Revela que, a pesar del discurso global sobre transición energética, descarbonización y energías limpias, el petróleo sigue ocupando un lugar central en la lógica de seguridad de las grandes potencias. No por romanticismo fósil, sino por miedo. Miedo a un mundo que demanda cada vez más energía y que aún no confía plenamente en su propia capacidad para producirla de forma limpia, estable y suficiente. Se trataentonces, del futuro.
La electrificación de la economía, la inteligencia artificial, los centros de datos, la movilidad eléctrica y la digitalización masiva no están reduciendo el apetito energético del planeta, lo están acelerando; la demanda no está disminuyendo, se está multiplicando. Y frente a ese escenario, los líderes globales parecen no confiar del todo en que el nuevo sistema energético esté listo para sostener esa demanda sin sobresaltos.
Combustibles fósiles en salida a corto plazo
Aquí es justamente donde emerge la gran paradoja de nuestro tiempo. Sabemos que los combustibles fósiles son ambientalmente insostenibles, socialmente costosos y climáticamente devastadores. Sabemos que perpetuar su uso profundiza la crisis climática. Sin embargo, el sistema económico y geopolítico actual sigue utilizándolos como un seguro de corto plazo.
La historia es contundente, cuando la energía se percibe escasa y su suministro incierto, el reflejo inmediato no es acelerar la transición, sino asegurar el control de lo conocido, y es así como se convierte en un factor de confrontación y detonador de conflictos. Lo ha sido en Medio Oriente, en África, en Europa del Este y ahora vuelve a manifestarse en América Latina.
Y es precisamente por eso que lo ocurrido en Venezuela refuerza, y no debilita, la urgencia de acelerar la transición energética. Mientras la energía dependa de recursos finitos, concentrados en pocos territorios y controlados por pocos actores, seguirá siendo motivo de disputa, presión y conflicto. La verdadera amenaza no es abandonar el petróleo demasiado rápido, sino hacerlo demasiado lento.
Energía solar: estrategia y economía
La energía solar, siendo abundante, distribuida y prácticamente inagotable, ofrece una alternativa radicalmente distinta. Democratiza el acceso, reduce la dependencia y diluye el poder concentrado. Apostar por ella no es solo una decisión ambiental; es una decisión estratégica, económica y, en el fondo, civilizatoria.
Quizá la lección más importante de este episodio no sea quién gana o pierde en el tablero político, sino qué tan tarde estamos llegando a construir el sistema energético del futuro. Y mientras no cambiemos la forma en que obtenemos esa energía, el poder seguirá llegando, una y otra vez, a imponerse.





